A lo largo de la historia muchas personas han sido asesinadas por el simple hecho de pertenecer a una etnia diferente, practicar una determinada religión o poseer determinadas ideologías políticas. Quizás uno de los ejemplos más extremos sucedió en la frontera entre Haití y la República Dominicana en 1937. En esos años, personas procedentes de Haití migraron hacia la República Dominicana en busca de trabajo que encontraban en las explotaciones agrícolas. Al trabajar éstos como peones en régimen de casi esclavitud hacía bastante rentable contratar haitianos.
De este modo, Trujillo, temeroso de que los campesinos de su país no pudieran acceder a un puesto de trabajo, intentó poner fin a esta situación de una manera radical. La escasez de tierras fértiles y disponibles en Haití causó que desde fines del siglo XIX gran número de peones haitianos y sus familias emigrasen hacia la República Dominicana, donde era requerida su mano de obra en régimen de casi servidumbre al ser mucho más barata que la de los jornaleros dominicanos. Por órdenes desde arriba, la policía y el ejército asesinó a hachazos y machetazos a alrededor de 30.000 ciudadanos haitianos pobres. Sus cuerpos fueron arrojados en el Río Masacre, bautizado así por una antigua disputa colonial entre España y Francia.
Dicha masacre lleva ese nombre por la metodología que utilizaban para diferenciar a los haitianos de los dominicanos: consistía en pedir a personas de raza negra que pronunciaran la palabra 'perejil'. Los haitianos, cuyo idioma materno es el creole (criollo, derivado del francés), sólo alcanzaban a pronunciar 'pegsil'.
Las noticias de la matanza fueron ocultadas por Trujillo ante el pueblo dominicano, aunque sí hizo mención de haber «solucionado [el llamado] problema haitiano».
El dictador era un importante aliado de Estados Unidos, pero una vez la masacre salida a la luz, la administración del presidente de Estados Unidos, Roosevelt, hizo que el Gobierno dominicano pagase indemnizaciones a las familias de las víctimas, un dinero que en nunca llegó a su destino.
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