Nació el 2 de octubre de 1808 en la ciudad de Montevideo, en ese entonces parte del antiguo Virreinato del Río de la Plata. Sus padres, Don Antonio Sastre y Doña Gerónima Rodríguez eran fervientes y públicos adherentes a las ideas revolucionarias que estaban gestándose en el interior del territorio virreinal.
Su padre era español, pero ambos eran propagadores de ideas liberales de independencia, y Marcos heredó esa fuerza patriótica y un rígido concepto del deber. La familia completa debe trasladarse a Concepción del Uruguay ante la invasión portuguesa a la Banda Oriental y, posteriormente, se mudan a Santa Fe en el año 1816. Ahí conoce el Río Paraná.
Inicia su vida académica en 1827 en el colegio Montserrat de Córdoba, donde es merecedor de una beca para estudiar pintura. Viaja a Buenos Aires durante un año, pero regresa a Córdoba para continuar sus estudios superiores filosóficos y científicos. Así logra recibirse en la Universidad de esta ciudad como Doctor en Filosofía.
En esa ciudad conoce, hacia 1831 a su esposa, Doña Jenara de Aramburu, con la cual va a tener 14 hijos en total. Fue, de cualquier manera, un autodidacta, ya que el grueso de su formación intelectual debió muy poco a las aulas universitarias.
A mediados de julio de 1833, ya residiendo en Buenos Aires, inaugura su propia librería. Se propuso reunir ahí “toda especie de objetos que tengan relación con las ciencias y las artes”. Para todo Buenos Aires era “La librería de Sastre”. Decide organizar en su librería, con la colaboración de parroquianos y amigos, una especie de “club de discusión, de conversación y lectura” al cual va a llamar “Gabinete de Lectura”. Fue el lugar donde Echeverría pudo diseminar su palabra, donde las ideas románticas pasaron de mente en mente aprovechando la efervescencia juvenil, donde las inquietudes intelectuales pudieron saciarse. A Marcos Sastre le corresponde el mérito de intuir el sentido de la oportunidad y de vislumbrar en la misma la iniciación de una etapa esencial en el desarrollo argentino.
La crisis bélica y económica que estaba viviendo el territorio de la Confederación durante este año hizo propicio que la gente “del vulgo” comience mostrar su descontento con la gente culta (los identificaban con los unitarios), a los que acusaban y amenazaban por las calles. El fin del Salón Literario estaba cerca. Rosas también va a presionar para que sea cerrado.
El 15 de enero de 1838 se publicó el primer anuncio comunicando el remate de todas las obras de la Librería Argentina. El 19 de mayo de ese año cerraría sus puertas para siempre.
Luego del final del Salón Literario, Marcos Sastre, tras ser despojado y perseguido por el régimen rosista, se retira con su familia a San Fernando, cerca de Tigre, donde se dedicará a escribir y a tareas agropecuarias para poder sostener económicamente a su familia. Instaló una escuela, donde comenzó, también, su tarea como educador.
Aquí comienza la etapa más fértil de su vida como escritor. Escribe en 1837 sus “nociones para la cría de las ovejas y refinamiento de lanas”; luego vendrán sus “Cartas a Jenuaria” de 1840, donde acusa a la tiranía rosista.
Sus dotes de observación y de análisis le permitieron captar la realidad y colocarse dentro de la naturaleza y de la sociedad en que vivía, por eso fue siempre eminentemente práctico y su obra educacional estuvo destinada a corregir defectos observados o a orientar en prácticas de inmediata realización.
Marcos Sastre falleció el 15 de febrero de 1887 en su hogar, en la ciudad de Buenos Aires.Decenas de ciudades honran a este hombre nombrando calles, plazas, escuelas. Su legado lo hace un argentino que merece ser reconocido año a año. Y es más que justo.
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